Escribe: Gerardo Távara Castillo, secretario general de Transparencia.

Era agosto del 2016 cuando cincuenta representantes regionales y zonales de la red de voluntariado de la Asociación Civil Transparencia se reunieron para dar forma a la campaña #Plan32 de apoyo a la reforma institucional. Cada región se propuso una meta, una cantidad de firmas que debían ser recogidas en sencillos planillones luego de explicar y convencer a jóvenes y adultos de la importancia y el sentido de las propuestas de reforma elaboradas con el único fin de fortalecer la democracia.

Meses antes, las 32 propuestas habían pasado por un intenso trabajo de formulación y consulta en el que participaron los ocho asociados más jóvenes de Transparencia –el G8 le llamamos- y destacados juristas de variadas especialidades. Fueron sometidas a la opinión de líderes en Ayacucho, Tarapoto, Piura y Arequipa y, finalmente, aprobadas por unanimidad en la Asamblea General de Transparencia. Organizadas en cuatro ejes: reforma electoral, funcionamiento del Congreso, administración de justicia y transparencia en la gestión publica, muchas de las 32 propuestas fueron recogidas en los planes de gobierno, debatidas en las elecciones del 2016 y expuestas a las autoridades del Congreso de la República y del Poder Ejecutivo.

La tarea de la red de voluntariado era lograr el respaldo y compromiso de la población para con la democracia y sus instituciones, alentar la voluntad de cambio y dinamizar las energías ciudadanas. Voluntarios y voluntarias -mayoritariamente jóvenes- organizaron foros en universidades, charlas en colegios, ferias en las plazas e intervenciones callejeras en todos los departamentos del Perú con una creatividad y generosidad admirables. En octubre empezaron a llegar las primeras fotos, videos y –poco a poco- planillones firmados, diez firmas en cada uno. Intensificamos la difusión en redes; había que aprovechar el Twitter, el Facebook y el Youtube y ofrecer un espacio para la firma digital. La tecnología de la información al servicio de la democracia. Multiplicamos los viajes, los folletos, las salidas a plazas y avenidas y las alianzas con organizaciones sociales diversas. La meta de cerrar el 2016 con cincuenta mil firmas parecía por momentos lejana, difícil. Apatía y desconfianza no son sencillas de vencer en momentos de descrédito de la política. Pero lo logramos.

Poco antes de la Navidad del 2016 pudimos dar la noticia: Cientos de jóvenes voluntarios  consiguieron más de 56,000 firmas en tan solo tres meses y medio. Alegría, satisfacción, esperanza. Nadie tiró la toalla. El chaleco bien puesto y la convicción democrática a tope. Las lecciones son muchas, habrá oportunidad para ello. La campaña Plan 32 ha sido y es una experiencia de ejercicio ciudadano que nos fortalece a todos en el país.

Ahora toca hacer entrega de las firmas a los poderes del Estado como testimonio de que apostamos por la reforma en un marco de institucionalidad, que creemos que un cambio es posible y que confiamos en la responsabilidad de nuestras autoridades y en su capacidad de escucha y diálogo con la sociedad civil porque es de esta manera que podemos darle a nuestra democracia la calidad que necesita.

Anuncios