Escribe: Rafael Roncagliolo, ex Ministro de Relaciones Exteriores, fundador y directivo de la Asociación Civil Transparencia.

Llevamos más de tres lustros discutiendo la necesidad de mejorar nuestro sistema electoral, una tarea que nunca puede dejarse para la víspera de las elecciones, pues es entonces cuando los intereses y ambiciones legítimas se enervan, los ánimos se caldean y las sinrazones campean.

El respectivo grupo de trabajo del Congreso ha expresado su entusiasta empeño y compromiso y la Asociación Civil Transparencia ha formulado un conjunto de sugerencias constructivas.

En este buen clima parece pertinente introducir un par de consideraciones, formuladas a título exclusivamente personal y dejando de lado la batalla, al parecer perdida, contra el nefasto voto preferencial.

La primera consiste en proponer que la manera democrática de evitar el indeseable fraccionamiento parlamentario pasa por elevar la valla de acceso al congreso y no por combatir la creación de nuevas organizaciones políticas. Pruebas al canto: En el Registro de Partidos Políticos de España existe más de 4,600 partidos políticos, de los cuales 1,122 son de ámbito nacional y otros 1,101 de ámbito autonómico. Sin embargo, los partidos que llegan al parlamento español rara vez superan la docena.

Y en los Estados Unidos hay 42 partidos nacionales, incluyendo varios partidos comunistas, el partido nazi y el partido de la marihuana.

En Australia, The Wikileaks Party fue creado para apoyar, sin éxito, la candidatura de Julian Assange por un escaño en el Senado de Australia en las elecciones de 2013.

En Canadá, para que un partido sea reconocido, debe tener un jefe de partido, tres dirigentes y 250 miembros, así como enunciar el objetivo principal del partido. A pesar de ello, solo cinco partidos integran actualmente el congreso canadiense.

En el Perú, a pesar del desprestigio generalizado de los partidos políticos, padecemos una cierta obsesión en cerrar la puerta a cualquiera que pretenda ingresar al club. A ello sirve el famoso requisito de las firmas. En razón de este requisito quienes aspiran a ejercer cargos de representación son obligados a una carrera de obstáculos, un verdadero calvario, para salvar la célebre valla de las firmas y sus verificadores.

El tema sería menos grave si las firmas expresaran efectivamente el nivel de apoyo ciudadano. Sin embargo, todos sabemos que existen empresas informales de recolección de firmas con las que se gana o pierde en virtud de la capacidad financiera más que de las simpatías populares. Para no recordar el caso extremo, y no tan lejano, de las fábricas de falsificación de firmas.

La segunda consideración se refiere al problema central del dinero sucio y la corrupción en las campañas. Habría que pensar en serio sobre la posibilidad de eliminar o reducir al mínimo los financiamientos privados, y asegurar un financiamiento público destinado a crear la mayor igualdad posible en las condiciones de la competencia. En esta dirección tenemos ya varias experiencias exitosas no solo fuera de la región sino en varios países latinoamericanos.

Colofón: En 1994, el eminente científico italiano, Giovanni Sartori, consideraba que Venezuela era el único país latinoamericano que podía reunir las condiciones culturales, políticas y partidarias como para experimentar un sistema parlamentario. Sartori lo decía con escepticismo, sin entusiasmo ni optimismo, cuando ya se iniciaba el deterioro de los partidos venezolanos que trajo a Chávez y a Maduro.

La tragedia que hoy vive Venezuela no deja de ser un producto final y desquiciado de la irresponsabilidad de los políticos. Ello debiera servirnos para reflexionar hasta dónde puede llevar el espíritu oligárquico de los partidos, cuando legislan solo para ellos mismos. Cosa que, por supuesto, hay que esperar que no ocurra en el Perú de hoy.

Fuente y foto: La Republica 

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