Fuente: La República

Entrevista: Enrique Patriau

El embajador Allan Wagner – uno de los más entusiastas promotores del referéndum planteado por el Gobierno – señaló que sigue manteniendo la confianza en que la consulta ciudadana se celebrará en diciembre.

En la siguiente entrevista, el embajador Allan Wagner -uno de los más entusiastas promotores del referéndum planteado por el Gobierno- señala que sigue manteniendo la confianza en que la consulta ciudadana se celebrará en diciembre. Eso sí, admite que ciertas actitudes del Congreso son desconcertantes.

¿El referéndum va o no va?

Creo que sí va. Hay una clara voluntad del pueblo de manifestarse, de ser actor en el proceso que vivimos. Espero que las fuerzas políticas en el Congreso puedan ser sensibles a ese sentimiento popular.

¿Lo suyo es una constatación de la realidad o es un simple deseo optimista?

Como se dice, el camino se hace al andar. Claro, hay signos que generan preocupación.

¿Qué signos?

Demoras o expresiones contradictorias sobre si se va considerar el conjunto de reformas propuestas por el Ejecutivo o solo una. Hay que mantener firmeza en los objetivos para que las reformas se voten y se lleven a referéndum en el tiempo requerido.

¿La presión popular puede lograr que el Congreso se apure un poco?

De eso se trata.

Según las encuestas, las reformas cuentan con respaldo popular. ¿Sería democrático por parte del Congreso postergar la decisión de la gente?

Lo primero: sería una equivocación. El Congreso representa a la ciudadanía y por consiguiente debe estar atento a sus demandas. Pero, además, hay una decepción ciudadana frente a lo que viene siendo el trabajo del Congreso y esta es una oportunidad para sintonizar de nuevo con la gente. Lo contrario sería ser indiferente al reclamo del pueblo y profundizar el distanciamiento.

¿Cómo hacer para que el Congreso apure el paso?

La movilización popular es una forma de hacerlo. Finalmente, será una decisión que tome la fuerza mayoritaria del Congreso (Fuerza Popular) y eso tendrá consecuencias. Creo que no debemos apostar anticipadamente por escenarios de crisis, porque si hacemos eso entonces se convierte en una crisis anunciada. Y eso sería muy negativo, porque en situaciones así surgen opciones políticas extremas de ambos lados, que no son ni democráticas ni positivas.

De acuerdo, pero no avanzamos. La excusa que se escucha de distintos parlamentarios es que los proyectos del Ejecutivo son malos. ¿Justifica eso la demora?

No. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de enmiendas constitucionales. Tomemos la bicameralidad, por ejemplo: lo que debiera ir en la enmienda es su restablecimiento y la manera en que serán elegidos los diputados y senadores. El detalle ya será materia de leyes posteriores. No hay razón…

¿Técnica?

Técnica para argumentar de que esto no está bien hecho, o que rehacerlo tomará mucho tiempo. Si hay la decisión de volver a la bicameralidad, eso es lo que debe primar.

¿Lo de la calidad de los proyectos le suena más a una excusa, entonces?

Sí, naturalmente. Debiera haber un diálogo más franco para ponerse de acuerdo. Me siento bastante desconcertado. En política siempre hay espacio para la negociación…

De eso se trata la política, de negociar.

¿No es cierto? Por definición. Me resisto a creer que, hoy día, no hay espacio para una negociación, porque si no lo hubiera el problema sería mucho más grave. Ahí estaríamos en otro tipo de escenario.

¿El Congreso piensa más en su propio beneficio que en el del país?

No entiendo en beneficio de quién. No hablemos del Congreso, hablemos de la fuerza mayoritaria, que está actuando claramente en su propio perjuicio, porque nada de esto la favorece desde el punto de vista de la percepción ciudadana. ¿Quiénes ganan? Perdemos todos. Me resisto a creer que alguien esté apostando por un escenario de demolición.

Pero dígame, ¿no le gana el escepticismo a veces?

No soy escéptico. Tampoco soy un optimista ingenuo e iluso. Si somos razonables, debemos encontrar el camino.

Queda cada vez menos tiempo para ser razonables.

Así es. Tenemos una ventana de oportunidad pequeña, que puede ser fugaz, y si no la aprovechamos habremos perdido una opción importante. Porque eso de decir que sacamos lo del Consejo Nacional de la Magistratura y lo demás queda pendiente para ser estudiado de acá al 2021, es mandarnos al desvío. O como dicen los españoles, mandarnos a los cerros de úbeda. No puede ser eso, no es razonable. Quedaría todo para las calendas griegas.

En el olvido.

El tema de fondo es la oportunidad perdida. No podemos seguir perdiendo oportunidades. Este es el mismo ánimo de reforma cuando cayeron Fujimori y Montesinos y ese gobierno transitorio y maravilloso de Valentín Paniagua abrió el cauce para reformas importantes que, finalmente, quedaron en nada.

¿Por qué cree que hay políticos que han salido a criticar al presidente Martín Vizcarra? No solo Keiko Fujimori.

Algunos políticos tienen un enfoque pragmático, que ven solo lo urgente, lo del CNM, pero las cosas no funcionan así.

Alan García ha sido ácido con Vizcarra. Usted fue ministro de su gobierno.

Efectivamente, ha habido manifestaciones de algunos políticos. En el caso del expresidente García, ha tenido manifestaciones contrarias. He sido honrado de haber sido su ministro, pero yo no tengo vinculaciones políticas con él. Es libre de opinar.

¿Qué piensa de los proyectos del Ejecutivo?

Son opinables. Estoy totalmente de acuerdo con la bicameralidad. Y también sería conveniente ampliar el número de representantes en el Congreso.

No es popular decir eso.

No lo es, pero hay que ir paso a paso. Y en el caso del proyecto para regularizar los fondos partidarios, lo que se hace es corregir aspectos que la legislación, aprobada la última vez, había afectado. Uno de los grandes problemas que confrontamos es el ingreso del dinero ilícito en las campañas electorales y, por consiguiente, en las instituciones, incluyendo el Congreso.

¿Le parece conveniente prohibir la reelección inmediata de los congresistas?

Eso es más debatible. Hay alternativas como renovaciones por tercios, por ejemplo. Esto de elegir a representantes por cinco años y que no los mueva nadie no permite que la gente opine sobre cómo marcha la representación popular.

No hay que tenerle miedo a lo que piense la gente.

Así es, no hay que tenerle miedo.

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